1/ El dinero no viene por ser buen arquitecto sino por saber vender. Saber vender te lleva a hacer mejores proyectos y tener clientes que marean menos.
2/ Si no sales a buscar clientes y llegan solo por boca a boca o casualidad, tu negocio lo dirigen los de fuera. En consecuencia su estabilidad se convierte en muy frágil.
3/ Ofrecer más variedad de servicios y aceptar encargos de todo tipo no implica más ingresos sino más dolores de cabeza.
4/ Decir más veces que SÍ no te hace mejor profesional. Cada NO que te estás guardando te desvía de tu destino ideal.
5/ Proyectos premiados no aseguran beneficios, es más, en la mayoría de casos no los tienen.
6/ Ver dinero en la cuenta no significa ser rentable. Analizar tus números sí te permite saber si lo eres y tomar mejores decisiones.
7/ Necesitas ser empresario para acabar dedicando más tiempo a proyectar y poder vivir bien de esta profesión.
Que la realidad sea esta puede no gustarte y eso no cambia nada, seguirá siendo así.
No estoy aquí para decirte lo que te gustaría oír sino para decirte lo que hay. Para fantasías está la escuela de arquitectura.
La información la tienes ahí. Te cuento lo que veo trabajando con un arquitecto y otro, con un interiorista y otro. Luego lo que hagas con esa información ya es cosa tuya.
Todo eso te lo cuento en los emails que recibes dejando tu dirección de correo aquí debajo: