Hace unos días me preguntó mi frutero que a qué me dedicaba. Mi frutero, el que tiene el mostrador pegado a la puerta y la puerta siempre abierta.
Un día de mucho frío le dije que por qué no ponía en la puerta una cortina de tiras de plástico transparente, como esas que hay al entrar a las cámaras frigoríficas. Me dijo que no, que tenía comprobado que la puerta siempre tiene que estar abierta, cualquier obstáculo por mínimo que sea hace que entre menos gente.
Así que pasa horas cagándose de frío con la puerta totalmente abierta para vender más.
A ese frutero le conté lo que hacía, al principio puso cara de sorpresa.
Le dije que él tiene el local a pie de calle en una calle transitada y con la puerta abierta para vender pero que la gente cuando necesita a un arquitecto no sale a pasearse por el barrio para hacer esa compra. Entonces los arquitectos tienen que hacer otras cosas para vender.
Para que otros sepan que existen y confíen en ellos antes de que dibujen ni una sola línea.
Mi frutero le vio todo el sentido.
También le dije que él madrugaba, compraba la fruta y la exponía en la tienda, luego va despachando clientes durante el día. Si algo ve que está más maduro, lo pone en oferta y lo pone incluso antes de la puerta, en la calle.
Le expliqué que un negocio de arquitectura tiene más complejidad que eso.
Y que si lo que haces es ir resolviendo tareas según van apareciendo, pasas el día atrapado resolviendo urgencias. Vives con la cabeza saturada y trabajando más horas de las que puedes sostener.
Todo eso agota mucho. Dispara la ansiedad y duermes mal. Al dormir más estás más cansado durante el día y eres menos productivo. Además te encuentras de peor humor y te alimentas peor. Con lo que tienes más agotamienta y más peor humor.
Así hay veces que te preguntas que si no te habrás equivocado de carrera, que esperabas otra situación en tu vida. Disfrutabas de proyectar y resulta que has conseguido casi no hacer eso para pasar el día persiguiendo urgencias.
Para encima ganando menos dinero del que esperabas porque tanto apagar urgencias ha hecho que pierdas de vista hacer lo importante. Cosas como las que te ayudarían a vender a precios más altos y poder trabajar con menos clintes. O poder reinvertir en equipo.
A esas alturas mi frutero ya le vio todo el sentido a mi trabajo.
Lo mismo tú no le ves sentido y está bien. Puede que no tenga nada que aportarte.
Sé que hay a otros arquitectos e interioristas que sí puedo aportarles porque ellos me lo han dicho. Después de trabajar juntos me dicen lo que ha cambiado su rutina. Que tienen mayor control de su negocio, la tranquilidad mental que ganan y cómo les ha cambiado por completo la manera de entender su estudio.
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